La Escultura de James Mathison
Bélgica Rodríguez

Una vasta religiosidad clásica permea la obra escultórica de James Mathison. Profundamente figurativo,
plantea la transfiguración del cuerpo en una suerte de discurso formal lleno de intencionalidad y significados relacionados
con lo más excelso de la escultura antigua; sin embargo, propone una lectura visual que deja atrás la concepción
tradicional volumétrica, para abocarse a la reconstrucción de la forma corporal donde la representación fragmentada tiene
su propia historia dentro del realismo y la memoria objetiva. Un brazo, un rostro, una cabeza, una mano y hasta un cuerpo
entero, conforman estructuras inteligibles que resultan de una investigación espacial.

A su modo, Mathison establece una continuidad de la historia de la forma representativa, pero también, a su modo,
rompe con esa tradición para incorporar, desde el punto de vista formal, elementos que resultan de sus investigaciones
específicas sobre la superficie y la masa escultóricas al codificar texturas, grietas, golpes, escrituras y oquedades, como partes
definitivas en la fascinación sígnica para expresar emociones y sensaciones preceptuales; en este sentido, transgrede los límites
escultóricos para ubicarse en líneas de acción espacial como sería la repetición. En la serie rostros-cabezas, iguales y diferentes, analógicamente muestra la certidumbre de la imagen que se presenta ante el espectador en su propia piel, es decir, en el
esplendor de su esencia.

En su obra, Mathison se ha planteado la exploración del comportamiento, real y visual, de la materia (resina, bronce),
así como también el registro de las marcas, improntas o huellas que, como él mismo dice, el paso del tiempo ha dejado sobre
esa superficie matérica. Volvemos a las texturas como sentido exterior y a las grietas como orificios que conducen al interior de la
pieza. Es el misterio de la superficie y el misterio de la interioridad, en una misma línea el juego de lo real y lo imaginario.

El escultor James Mathison continúa la tradición humanista de la escultura, pero al alejarse de lo académico propone
una resemantización representacional de la figura que lo inserta en la contemporaneidad del siglo XXI.